La sencillez

“Jesús exclamó: Bendito seas Padre, Señor del cielo y tierra,
porque, si has escondido estas cosas a los sabios y
entendidos, se las has revelado a la gente sencilla; sí,
Padre, bendito seas, por haberte parecido eso bien. Mi
Padre me lo ha entregado todo y al Padre lo conoce sólo
el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Acercaos a mí todos los que estáis rendidos y abrumados,
que yo os daré respiro. Cargad con mi yugo y aprended
de mí, que soy sencillo y humilde: encontrareis vuestro
respiro, pues mi yugo es llevadero y mi carga ligera”. (
La palabra sencillez se utiliza para hacer mención a una cualidad característica del ser humano que tiene que ver con el interés por las cosas, los objetos, las sensaciones y las situaciones simples. En este sentido, la sencillez es muchas veces entendida como humildad ya que es aquello que hace al individuo alguien más centrado, con los pies sobre la tierra y con pocas pretensiones de grandiosidad o grandilocuencia.

La sencillez, es el valor de ser humildes y empáticos con la gente, sin importar los títulos profesionales o el reconocimiento que se tenga ante otros.
El valor de la sencillez, nos permite ser conscientes de que otros merecen nuestro respeto y buen trato, sin importar nuestro estatus social o prestigio social.
A muchas personas simplemente se les sube el ego y la superioridad cuando están en un grado de educación o conocimiento en comparación a otros… Olvidando que a fin de cuentas todos merecemos respeto.
La sencillez es la gracia que tenemos con otros para entablar relaciones interpersonales, sin discriminar a ninguna persona.

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